{"id":26300,"date":"2020-08-12T15:19:23","date_gmt":"2020-08-12T20:19:23","guid":{"rendered":"http:\/\/intervallenato.com\/inicio\/?p=26300"},"modified":"2020-08-12T15:19:23","modified_gmt":"2020-08-12T20:19:23","slug":"sayco-adolfo-pacheco-el-hombre-que-hablaba-con-el-espejo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/intervallenato.com\/inicio\/sayco-adolfo-pacheco-el-hombre-que-hablaba-con-el-espejo\/","title":{"rendered":"SAYCO. Adolfo Pacheco, el hombre que hablaba con el espejo"},"content":{"rendered":"<div class=\"td-header-wrap\">\n<div id=\"td-header-menu\">\n<div class=\"td-main-menu-logo\">Por<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"td-container\">\n<article id=\"post-6180\" class=\"post-6180 post type-post status-publish format-standard hentry category-actualidad-sayco category-musica category-prensa\">\n<div class=\"td-post-header\">\n<header class=\"td-post-title\">\n<div class=\"td-module-meta-info\">\n<div class=\"td-post-author-name\">\u00a0<a href=\"http:\/\/sayco.org\/author\/sayco1\/\">Prensa SAYCO<\/a><\/p>\n<div class=\"td-author-line\"><em style=\"font-weight: 300;\"><strong>Uriel Ariza-Urbina<\/strong><\/em><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/header>\n<\/div>\n<div class=\"td-post-content\">\n<p><em><strong>Cr\u00f3nica<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Adolfo Pacheco andaba a sus 28 a\u00f1os de correr\u00eda con Andr\u00e9s Landero por las ci\u00e9nagas del Magdalena, cuando se detuvieron en una tiendecita. Debajo de una troja hab\u00eda un hombre con aspecto de jornalero acostado sobre una estera y su cabeza apoyada en una caja de cart\u00f3n, mientras el sombrero le tapaba el rostro. Vest\u00eda ropas deslucidas y unas abarcas que dejaban ver unos pies curtidos y acostumbrados a caminar. En el aire hab\u00eda un olor a ron de ca\u00f1a. Landero son\u00f3 su acorde\u00f3n y el hombre se despert\u00f3 como un son\u00e1mbulo, buscando desorientado la procedencia de aquella nota. Era Juancho Polo Valencia, durmiendo una de sus eternas parrandas libertarias.<\/p>\n<p>Se saludaron, y sin m\u00e1s el \u2018viejo\u2019 Valencia se amarr\u00f3 su maltrecho acorde\u00f3n y se terci\u00f3 su mochila. Pacheco vio a un hombre desgarbado, de ojos hundidos y una mirada cansada de la vida, disimulada por un gesto infantil y una sonrisa f\u00e1cil. Sinti\u00f3 l\u00e1stima. Se dio cuenta que Juancho Polo, una leyenda de los pueblos, solo ten\u00eda un prop\u00f3sito: cantar con su acorde\u00f3n hasta morir. Habituado a filosofar consigo mismo, pens\u00f3 que ten\u00eda algo en com\u00fan con aquel juglar de esp\u00edritu libre. Estaba pose\u00eddo por el mismo embrujo que se hab\u00eda apoderado de los m\u00fasicos y cantautores de los ritmos vallenatos, desde La Guajira hasta las sabanas de Bol\u00edvar, Sucre y C\u00f3rdoba. Entonces crey\u00f3 que \u00e9l mismo podr\u00eda estar dando esa impresi\u00f3n de abandono, a pesar de su corta edad.<\/p>\n<p>Juancho Polo se qued\u00f3 mir\u00e1ndolo por un instante. Abri\u00f3 su acorde\u00f3n hasta el largo de su brazo y empez\u00f3 a cerrarlo con su lamento y peculiar voz: \u2018Alicia adorada\u2019. Pacheco se estremeci\u00f3, como si le hubieran le\u00eddo sus disertaciones. Se le hizo un nudo en la garganta y empez\u00f3 a llorar. Landero escuchaba en silencio. Cuando acab\u00f3 la canci\u00f3n, Pacheco recogi\u00f3 su nostalgia y empezaron a contar las noticias de las comarcas, como lo hac\u00edan los juglares desde hac\u00eda m\u00e1s de cien a\u00f1os. Pero a Pacheco le hab\u00eda quedado una inquietud en su pecho: \u00a1c\u00f3mo hac\u00eda aquel hombre para dominar semejante dolor mientras cantaba y sin romper en llanto!<\/p>\n<p>Adolfo Pacheco regres\u00f3 a su natal San Jacinto, Bol\u00edvar, donde viv\u00eda con su mujer y sus hijos. Entonces se par\u00f3 frente a un espejo grande en la sala.\u00a0<em>\u201dVi a un hombre ojeroso, arrugado, barb\u00f3n, cabell\u00f3n, con canas prematuras; insult\u00e9 a la imagen\u2026, y desde esa ocasi\u00f3n no he dejado de hablar con el espejo\u201d,<\/em>\u00a0escribi\u00f3. Supo que era el bendito \u2018mal\u2019 del acorde\u00f3n y su canto, que por iron\u00edas de la vida eran su mayor felicidad. Ahora entend\u00eda por qu\u00e9 Juancho Polo segu\u00eda aferrado a la vida en medio de aquel doloroso olvido de s\u00ed mismo tras la muerte de su amada esposa. Esa experiencia le inspir\u00f3 una composici\u00f3n que cuestionaba la religi\u00f3n y el sentido de la vida, pero la dej\u00f3 \u2018mocha\u2019, como \u00e9l dice, por el temor de perder su trabajo de profesor de matem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>D\u00edas despu\u00e9s escuch\u00f3 una noticia en la radio que le cambiar\u00eda su vida para siempre. En Valledupar estaban convocando a la primera gran fiesta de acordeones: le llamar\u00edan Festival Vallenato. Consuelo Ara\u00fajo Noguera, una joven entusiasta del folclor; Alfonso L\u00f3pez Michelsen, el primer gobernador de aquellas tierras, y el escritor Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, como invitado, eran los anfitriones del evento. Pacheco sinti\u00f3 alegr\u00eda y celos. Crey\u00f3 que la m\u00fasica de acorde\u00f3n no era solo de la Guajira y el Cesar, donde ech\u00f3 ra\u00edces y se fue regando por la regi\u00f3n hasta los Montes de Mar\u00eda y el Cerro de Maco de su infancia. \u201cY encima llamarle vallenato\u201d, pens\u00f3 Adolfo Pachecho, sin tenerlos en cuenta a ellos como art\u00edfices del folclor. Busc\u00f3 a Landeros y con su esp\u00edritu contestatario se propuso hacer una canci\u00f3n para que se oyera en Valledupar.<\/p>\n<p>Empez\u00f3 a cantarla en las parrandas, pero a\u00fan no ten\u00eda un nombre para que Landero la cantara en el tan anunciado festival. Le dio vueltas al t\u00edtulo, hasta que un amigo lo ten\u00eda: \u201cLa hamaca grande\u201d, un nombre que a\u00f1os m\u00e1s tarde har\u00eda historia. Landero se arm\u00f3 de valor y viaj\u00f3 a Valledupar sin su compinche y compositor de cabecera, y la cant\u00f3 en el Festival Vallenato de 1969:<\/p>\n<p><em>Compadre Ram\u00f3n (bis) le hago la visita pa\u00b4que me acepte la invitaci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p><em>Quiero con afecto llevar al Valle cofres de plata<\/em><\/p>\n<p><em>Una bella serenata con m\u00fasica de acorde\u00f3n<\/em><\/p>\n<p><em>Con notas y con folclor de la tierra de la hamaca\u2026<\/em><\/p>\n<p>El p\u00fablico reaccion\u00f3 con agrado, hasta que escucharon las otras estrofas. El autor narraba su deseo de compartir una cumbia \u2018sanjacintera\u2019, un son de To\u00f1o Fern\u00e1ndez, y los invitaba a mecerse en su hamaca grande con las historias sagradas de un indio Parofo, tan legendarias como la de Francisco El Hombre. Y all\u00ed termin\u00f3 todo. La canci\u00f3n ganadora del a\u00f1o anterior a\u00fan retumbaba en los vallenatos y olvidaron \u2018La hamaca grande\u2019. Un par de estrofas simples que elogiaban con humildad a un \u2018Pedazo de acorde\u00f3n\u2019, interpretada con una cadencia de juglar antiguo por un campesino desconocido de nombre Alejandro Dur\u00e1n, y que tambi\u00e9n har\u00eda historia. El mismo L\u00f3pez Michelsen pidi\u00f3 repetirla desde la ventana de su casa de gobierno, al pie de la Plaza Alfonso L\u00f3pez.<\/p>\n<p>Los vallenatos dijeron esa vez que Landero no entendi\u00f3 la importancia de una canci\u00f3n in\u00e9dita y se dedic\u00f3 a parrandear con \u2018La hamaca grande\u2019. Sin embargo, el estribillo de la canci\u00f3n de otro inc\u00f3gnito compositor de tierras lejanas ya estaba en boca de los vallenatos y comenzaron a cantarla en las parrandas, no sin las cr\u00edticas de muchos. En ese entonces la interpretaci\u00f3n de los m\u00fasicos de la sabana no se consideraba aut\u00e9ntica, porque ten\u00eda influencia de la cumbia y el porro y era m\u00e1s instrumental. Los cantos de la Guajira y el Cesar ten\u00edan otro secreto: sus letras llenas de poes\u00eda contaban la historia y los anhelos de un pueblo, y el acorde\u00f3n acompa\u00f1aba cada sentimiento con notas que segu\u00edan un patr\u00f3n ama\u00f1ado para cada aire, que a la postre terminaron d\u00e1ndole su identidad cultural.<\/p>\n<p>Adolfo Pacheco ten\u00eda la misma inspiraci\u00f3n de un juglar aut\u00e9ntico y lo sigui\u00f3 demostrando con sus canciones narrativas, como el Mochuelo, El tropez\u00f3n, El Cordob\u00e9s, Bajo el ceibal, entre otras. Recuerda que cuando Gabo, admirador de Landero, escuch\u00f3 \u2018La hamaca grande\u2019 le pidi\u00f3 que se la cambiara por Cien a\u00f1os de soledad, ante la sorpresa de Consuelo Ara\u00fajo. \u2018La hamaca grande\u2019 empez\u00f3 a conectar a dos estilos de m\u00fasica de acorde\u00f3n que parec\u00edan irreconciliables. M\u00e1s tarde compuso \u2018El pintor\u2019, una diatriba en aire de merengue entre un pintor y un compositor, grabada por Diomedes D\u00edaz y Juancho Rois, y volvi\u00f3 a levantarse la suspicacia entre Adolfo Pacheco y el vallenato de la Guajira y Valledupar. Las habladur\u00edas dec\u00edan que iba dirigida a Rafael Escalona, pero \u00e9l lo desmiente recordando la gran amistad que los un\u00eda y las interminables tertulias con arepas de queso provincianas en las oficinas de Sayco en Bogot\u00e1.<\/p>\n<p><em>Pedro P\u00e9rez el pintor, pinta un p\u00e1jaro moderno \/ y dice que yo no puedo<\/em><\/p>\n<p><em>hacer un cuadro mejor \/ Saco cuadros del folclor, y de la naturaleza<\/em><\/p>\n<p><em>pinto negra la tristeza, la acuarela del dolor<\/em>\u2026<\/p>\n<p>Adolfo Pacheco aclar\u00f3:\u00a0<em>\u201cUn d\u00eda me encontr\u00e9 con un ahijado y le pregunt\u00e9 a qu\u00e9 se dedicaba. Al muchacho no le gust\u00f3 mi tono, y me respondi\u00f3 que estudiaba Bellas Artes. Cuando nos despedimos, me dijo con iron\u00eda: \u00a1padrino, y usted a qu\u00e9 se dedica ahora!\u201d.<\/em>\u00a0Dice que ese mismo d\u00eda empez\u00f3 a componer \u2018El pintor\u2019. Y hay quien asegura que la composici\u00f3n es una respuesta al artista Obreg\u00f3n, en alusi\u00f3n al mural que hizo para el sal\u00f3n El\u00edptico del Congreso de la Rep\u00fablica, y en el que el artista evit\u00f3 pintar h\u00e9roes y figuras \u00e9picas de revolucionarios y opt\u00f3 por la riqueza natural del pa\u00eds, destacando unos c\u00f3ndores estilizados volando hacia arriba, como un llamado a la unidad nacional.<\/p>\n<p>Los comentarios se aplacaron despu\u00e9s de la visita de un naciente Carlos Vives a su oficina de abogado en Barranquilla, en 1993. El artista le pidi\u00f3 autorizaci\u00f3n para grabar su \u2018Hamaca Grande\u2019. Vives la dio a conocer al mundo y reafirm\u00f3 su lugar de privilegio en los anales de las canciones vallenatas legendarias. Cuenta que cuando le llegaron las primeras regal\u00edas de Sayco, no lo pod\u00eda creer. Cambi\u00f3 su viejo carro, su casa y compr\u00f3 la ropa que siempre quiso ponerse. La gente lo acus\u00f3 de corrupto, y debi\u00f3 presentarse ante los organismos de control para justificar aquel repentino cambio de vida por las ganancias de \u2018La hamaca grande\u2019. A\u00f1os m\u00e1s tarde se le anegaron los ojos al ver que hasta el rey Juan Carlos de Espa\u00f1a tarareaba su canci\u00f3n ante una presentaci\u00f3n de Vives, durante una reuni\u00f3n de mandatarios en Cartagena. Esa vez se le vino a la memoria los d\u00edas dif\u00edciles cuando compuso \u2018El viejo miguel\u2019, una historia de consuelo al ver c\u00f3mo su padre abandonaba el pueblo de toda su vida, ya viudo y en la ruina econ\u00f3mica, para irse a Barranquilla a empezar de nuevo.<\/p>\n<p>En 2005, Adolfo Pacheco fue declarado Rey Vitalicio del Festival de la Leyenda Vallenata. Y rememora los tiempos en que la m\u00fasica de acorde\u00f3n era de corronchos y mal vista, y que en la puerta del exclusivo Club Valledupar pegaron un aviso que prohib\u00eda su ejecuci\u00f3n y la Iglesia condenaba a los m\u00fasicos por pecadores. Se le ocurri\u00f3 desempolvar aquella vieja canci\u00f3n inconclusa por el se\u00f1alamiento del pensamiento conservador de la \u00e9poca en que empez\u00f3 a escribirla. Por fin la termin\u00f3: \u2018El hombre del espejo\u2019, que en 2016 fue escogida como la mejor canci\u00f3n en el Festival Bolivarense de Acordeones.<\/p>\n<p><em>No quiero solemnidades, tampoco me carguen luto \/ Que suenen los acordeones y gaitas para el difunto\u2026<\/em><\/p>\n<p>Hoy el maestro Adolfo Pacheco cumple 80 a\u00f1os de una vida intensa y dedicada a engrandecer el folclor de nuestro pa\u00eds. No deja de visitar cuando puede las oficinas de Sayco, con su inseparable boina dominicana, para reconocer la continua labor de 75 a\u00f1os de la entidad a la que pertenece, y recordar sus mil y una an\u00e9cdotas.\u00a0<em>\u201cMe alegra que Sayco ha llegado en su desarrollo a lo mejor, porque ha ido verticalmente hacia arriba<\/em>\u201d, dijo el maestro Pacheco. Sayco, por su parte, a trav\u00e9s de su Gerente C\u00e9sar Ahumada y el Consejo Directivo felicita a su socio y amigo en su cumplea\u00f1os y enaltece el trabajo invaluable del que muchos consideran el \u00faltimo juglar de la m\u00fasica vallenata.<\/p>\n<p>El compositor Rafael Manjarrez, Vicepresidente del Consejo Directivo de Sayco, afirm\u00f3 que el maestro Adolfo Pacheco\u00a0<em>\u201ces una de las figuras cimeras que tiene nuestra m\u00fasica colombiana; la prueba indefectible de que Colombia es una sola, porque hac\u00eda con maestr\u00eda m\u00fasica con la tendencia folcl\u00f3rica de Valledupar, como de su propia regi\u00f3n\u201d<\/em>. Y Adolfo Pacheco lo corrobora: \u201c<em>El pueblo vallenato debe sentirse orgulloso de que otras regiones y pa\u00edses hayan tomado el vallenato como propio y Colombia se haya llenado de festivales<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Adolfo Pacheco nunca olvida las palabras de Juancho Polo al despedirse de \u00e9l y Andr\u00e9s Landero, en aquel memorable encuentro en el pueblo de Algarrobo. Ese d\u00eda pudo ver en el espejo de su alma la otra cara de la realidad:\u00a0<em>\u201cA Dios se le dejan las cosas cuando remedio no tienen\u201d.<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>SAYCO,\u00a0<\/strong>siempre apoyando a nuestros artistas<\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por \u00a0Prensa SAYCO Uriel Ariza-Urbina Cr\u00f3nica Adolfo Pacheco andaba a sus 28 a\u00f1os de correr\u00eda con Andr\u00e9s Landero por las ci\u00e9nagas del Magdalena, cuando se detuvieron en una tiendecita. 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