El Rey de la ‘Cacica’

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Por Juan Rincón Vanegas. juanrinconv@hotmail.com. El 29 de septiembre no es un día cualquiera para el Rey Juvenil 2007, Rodolfo Miguel Molina Meza. Es el día de su cumpleaños, pero también coincide con la fecha del asesinato de su querida abuela, Consuelo Araujonoguera

Es un día alegre y triste a la vez, pero más triste para el muchacho que le cumplió a ella el deseo de ser Rey de algo, en el Festival de la Leyenda Vallenata.

Precisamente, su abuela Consuelo en una entrevista dijo que "quisiera que uno de mis nietos se corone Rey de algo: como acordeonero, cajero o guacharaquero, ya que mis hijos no me dieron la dicha de serlo. Ese día mis huesos estarán felices donde quiera que se encuentren".

El dos de mayo de 2007 Rodolfo Miguel, logró la hazaña y por eso fue al Cementerio Central a ofrecerle el titulo a su abuela Consuelo.

Allí le tocó y le cantó la canción de la autoría de ‘La Cacica’: 'Mañana me voy pal' Valle". Durante cuatro minutos acordeón y voz se compaginaron para dar testimonio de que en el vallenato a las penas se le cantan y los dolores suenan en el pentagrama. En esa canción ella dejó constancia de su amor por la tierra que la vió nacer y donde quiso morir. "Mi Valle lindo donde mis hijos me van a enterrar".

Ahora, cuatro años después de coronarse Rey Juvenil, Rodolfo Miguel vuelve y  le cumple el sueño a su abuela, cuando en los próximos días debutará como compositor. El cantante Jean Carlos Centeno le grabó la canción: ‘Brújula de amor’  Ya no es solo acordeonero, sino compositor.

La Consuelo de siempre

Consuelo Araujonoguera fue una auténtica defensora de la pureza raizal del vallenato y expresaba que “el vallenato de verdad no se hace, no se fabrica, no se diseña. Simplemente nace. Nace después de que lo engendra el sentimiento y lo pare la inspiración. Los otros son vallenatos de probeta, de laboratorio.

Las buenas canciones se quedan en la memoria, su melodía se tararea en las calles y se saborea como las frutas maduras. En el verdadero vallenato la poesía fluye serena, con palabras sonoras que no rompen la melodía.

Una buena canción nos hace sentir el mismo estremecimiento que aprieta las tripas y eriza los pelos”.

El epitafio

Cinco años antes de su asesinato Consuelo escribió su propio epitafio. Todo pasó la mañana del viernes cinco de abril de 1996 cuando de su puño y letra me escribió en un papelito la célebre frase en medio de una entrevista que le hacía en Radio Guatapurí. Nunca pensé que en tan poco tiempo tuviera que sacar el papelito que decía: “Aquí yace Consuelo Araujonoguera, de pie, como vivió su vida”. Ese papelito era un tesoro del alma que depositó en mis manos la mujer que me enseñó que “Los que triunfan son personas ordinarias con una determinación extraordinaria”.

En la lápida de la bóveda número 52 del Cementerio Central de Valledupar se esculpió esa frase que tarde o temprano, como son los designios de la vida, tenía que suceder. O como la misma Consuelo Araujonoguera lo escribiera en su columna ‘Carta Vallenata’ de El Espectador: “Pienso, por ejemplo, que yo también, un día cualquiera sólo lo sabe el Todopoderoso que es el dador de la vida y él único que sabe cuándo decide quitarla, me voy a morir tal como se muere y se va a seguir muriendo todo el que existe y tiene vida en el mundo;  pienso que nadie, ni yo ni ningún otro, se va a quedar para semilla, ni para reconstruir solo el mundo que estamos acabando los mismos hombres para los cuales Dios los creó. Y si de escoger se trata, prefiero morir con la boca abierta a tener que vivir con los labios cerrados”.

Finalmente del archivo sacó una oración que Consuelo Araujonoguera, dijo en la tarima ‘Francisco el Hombre’, de la Plaza Alfonso López, el sábado 20 de junio de 1992, nueve días después del asesinato del cantante Rafael Orozco,  y luego de cumplirse por las calles de Valledupar, la marcha del silencio convocada por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.

“Señor, haz a nuestra música un instrumento de paz que donde quiera que haya odio la inspiración de nuestros poetas siga llevando amor; que donde quiera que haya injuria la música de nuestros acordeones siga llevando perdón; que donde quiera que haya sombra la poesía de nuestros juglares lleve la luz; que donde quiera que haya dudas en torno a la existencia del hombre sobre la tierra los cantos vallenatos hagan una reafirmación de fe; que donde quiera que haya tristeza, luto y lágrimas vuelvan los sonidos de nuestras guacharacas y tambores a llevar la alegría; que donde quiera que la desesperación ensombrezca el alma de los hombres, vuelvan las notas melodiosas de los poetas del vallenato a llevar la paz. Haznos Señor, permite Señor, ayúdanos Señor, a que nuestros músicos sigan consolando a los tristes. A que nuestra música siga llevando comprensión y perdón donde quiera haya dolor y tristeza para que el sacrificio de nuestros cantantes, compositores, juglares y de todos los colombianos no sea en vano, sino que germine en semilla óptima en frutos y racimos que sean la cosecha para las generaciones futuras de la paz de Cristo y en el amor de todos los colombianos. Amén”.

La novia del Valle

Entre reconocimientos, versos y canciones exaltando su trabajo social y a favor de la música vallenata han pasado estos 10 años de su partida de la tierra. Tantos recuerdos juntos que serían largo enumerar y que se resumen en la canción ‘La novia del valle’ del compositor Wiston Muegues.

Los vallenatos quedamos en mora

de hacerle un homenaje a la señora

que fuera en vida ‘La novia del Valle’

lleva en el alma este folclor tan bello,

lo recibió cuando era pequeño

le dió su vida hasta volverlo grande.

Y ella con su estirpe vallenata

luchó siempre por su raza

contra el tiempo y su premura,

también fue ministra de Cultura

y anduvo por las alturas con una mochila arhuaca.

Cuando llegaba al Valle cruzaba la plaza

pa’ rézale al Ecce Homo allá en la Concepción

pidiendo con el corazón por las cosas que amaba,

por sus amigos que la vieron siempre emocionada

contando las fotos de los Reyes en la Fundación.

Quién va a negar que ella luchó con tesón y orgullo

hasta lograr que se le abrieran las puertas del mundo

a la música vallenata. Cumplió su misión.

Si Esthercita Forero es ‘La novia de Barranquilla’

Consuelo ‘La Cacica’ es ‘La novia del Valle’.

JUAN RINCÓN VANEGAS
Jefe de Prensa
Fundación Festival de la Leyenda Vallenata
Parque de la Leyenda Vallenata 'Consuelo Araujonoguera'
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